Sandino Guerrillero Proletario

Augusto César Sandino es el héroe guerrillero nicaragüense cuyo nombre ha pasado a ser símbolo de la ya secular lucha de los pueblos de la América Latina contra el imperialismo yanqui. Expresión del genio guerrillero de las masas populares, Augusto César Sandino; precursor del nuevo tiempo, que hoy forjan los pueblos sojuzgados y tienen por paradigma cumbre el heroico Ernesto “Che” Guevara.
Ernesto “Ché” Guevara hoy, Augusto César Sandino ayer, marcan con heroísmo la indispensable ruta guerrillera que habrá de conducir a los pueblos víctimas del imperialismo a la posesión absoluta de sus propios destinos.

Augusto César Sandino es el héroe guerrillero nicaragüense cuyo nombre ha pasado a ser símbolo de la ya secular lucha de los pueblos de la América Latina contra el imperialismo yanqui.
La primera conferencia de solidaridad de los pueblos de Africa, Asia y América Latina alzó en su estrado la imagen de Sandino como representación del tradicional heroísmo latinoamericano anti-yanqui. Expresión del genio guerrillero de las masas populares, Augusto César Sandino; precursor del nuevo tiempo, que hoy forjan los pueblos sojuzgados y tienen por paradigma cumbre el heroico Ernesto “Che” Guevara.
Ernesto “Ché” Guevara hoy, Augusto César Sandino ayer, marcan con heroísmo la indispensable ruta guerrillera que habrá de conducir a los pueblos víctimas del imperialismo a la posesión absoluta de sus propios destinos.

Sandino: guerrillero proletario
AUGUSTO CESAR SANDINO, el obrero de procedencia campesina que combatió con las armas contra los invasores norteamericanos en Nicaragua, nació en Niquinohomo el 18 de mayo de 1895. Desde la infancia trabajó en el campo. Su natural inteligencia le permitió aprender a leer y escribir, pese a la hostilidad del medio social.
Desde muy joven, conoció el recrudecimiento de la intromisión yanqui en el país. En 1912, cerca del pueblo natal de Sandino, el puñado de patriotas encabezados por el héroe Benjamín Zeledón, combatió al invasor yanqui.
En 1912 viajó fuera del país hacia otras tierras, al igual que miles de nicaragüenses. Conoció varios países centroamericanos, México y Estados Unidos, y de este último retornó a México, donde aún se olía a pólvora de las balas disparadas por los oprimidos campesinos que encabezó el guerrillero Emiliano Zapata.
En México trabajó en Cerro Azul, Veracruz, como obrero mecánico de las instalaciones de la compañía petrolera norteamericana, Huasteca Petroleum Company. Despreciando el privilegio de su condición de obrero calificado, decidió regresar a la patria y ocupar un lugar en la lucha.
Desembarcó en Bluefields, Costa Atlántica de Nicaragua, donde se hallaba el centro del movimiento armado contra el gobierno títere instalado por el imperialismo. De aquí partió hacia las Segovias, montañosa zona del norte de Nicaragua.
El 26 de octubre de 1926, Sandino, en unión de su grupo de trabajadores, sustrajo dinamita de los almacenes de la empresa norteamericana que explotaba el yacimiento aurífero San Albino y comenzó a combatir contra el régimen conservador de Adolfo Díaz, establecido por los yanquis. En la zona del Guazapo, en el extremo norte de las Segovias, instala su campamento rebelde. El 2 de noviembre de 1926 la bisoña tropa sostuvo en San Fernando el primer encuentro armado con elementos del gobierno. Las escasas e ineficientes armas que poseía el pequeño grupo de patriotas obligaron a Sandino a emprender la marcha hacia el lejano Puerto Cabezas, situado en el literal Atlántico, y donde tenía su asiento el mando liberal que disponía de armas modernas para la guerra que sostenía contra el gobierno conservador. El mando liberal, forzado por los marinos yanquis, se había establecido en terrenos de la Patria.
Sandino y sus compañeros recorrieron mil kilómetros de río y selva en el viaje de ida y regreso entre la montaña y la costa. Los pérfidos zorros del mando liberal, desconfiados de las ideas “raras” de Sandino, le negaron las armas y pretendieron además obligarlo a desistir de operar en el norte. Pero con la ayuda de algunas mujeres del puerto, Sandino obtuvo cerca de cuarenta armas que habían sido abandonadas por las tropas liberales.
El 2 de febrero de 1927, Sandino y sus compañeros regresan a Guazapo y desarrollan una campaña ofensiva desde el Norte hasta el Centro del país en las que ocasiona repetidas derrotas a las fuerzas del gobierno conservador. La fuerza intervencionista yanqui controla una serie de puntos del país y además Estados Unidos le facilita al gobierno títere 3,000 rifles, 200 ametralladoras y 3 millones de cartuchos.
Luego de tomar la ciudad de Jinotega, Sandino y su columna segoviana de 800 hombres, muchos sin armas, se dirigieron hacia el centro del país, donde ocuparon la población de San Ramón, en el Departamento de Matagalpa. Después continuó la marcha hacia donde se encontraban las fuerzas al mando liberal, amenazadas por el enemigo conservador. Se avecinaba la batalla final de la guerra entre liberales y conservadores.
Bloor, agregado militar yanqui, ha dicho que en esos días 1,600 rebeldes liberales se enfrentaron a 3,400 conservadores. En ese momento se libró el combate de Las Mercedes, cerca de Teustepe, en donde obtuvo una victoria estratégica decisiva la columna del jefe Sandino; este combate fue encomendado a Sandino en razón de la fama de valiente ganada en el curso de la jornada rebelde. Con toda razón diría que “los últimos disparos de aquella guerra constitucionalista fueron hechos por mi caballería”.

Un peligro para sus comunicaciones navales
El país estaba en víspera de acontecimientos importantísimos a principios de 1927. El Departamento de Estado norteamericano había anunciado que Henry L. Stimpson viajaría a Nicaragua como representante especial del Presidente Coolidge.
Stimpson había ocupado en el gabinete de Taft el cargo de Secretario de Guerra. Después de su misión en Nicaragua fue Gobernador de las Filipinas y Secretario de Estado en el gobierno de Hoover. Cuando el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki, Stimpson fue el Secretario de Guerra.
El libro “American Policy in Nicaragua”, que Stimpson publicó después de su viaje a Nicaragua, expresa explícitamente la política norteamericana hacia el estratégico y pequeño país: “...Lo único que se quería era que reinara la paz y la estabilidad, tanto política como económica, con el objeto de que no pudiera representar nunca un peligro para sus comunicaciones navales, presentes o futuras, que eran su interés más vital”.
Al referirse a las “comunicaciones navales”, Stimpson vincula la política de Estados Unidos al potencial canalero de Nicaragua, así como la proximidad de este país al canal de Panamá y aún al mismo territorio norteamericano. Se ve la acentuación de la secular codicia colonial ante la posición geográfica nicaragüense y su istmo. En enero de 1927 habían desembarcado en el puerto de Corinto fuerzas norteamericanas integradas por 3,900 soldados, 215 oficiales y 865 marinos. Entre las fechorías que cometieron los invasores yanquis se cuentan la ocupación de la Universidad de León, donde se destruyó el instrumental de enseñanza, y a la Catedral de León, el más renombrado templo católico, fue convertido en cuartel de las tropas yanquis.
Meses antes, Lawrence Denis, quien había sido Encargado de Negocios en Nicaragua, dijo: “Aquí se piensa muchas veces que nosotros venimos a servir los intereses de unos contra otros, pero se equivocaron, nosotros sólo servimos nuestros intereses”.

La traición de “El Espino Negro”
El 4 de mayo de 1927, el liberal José María Moncada se entrevista en El Espino Negro de Tipitapa, con Henry L. Stimpson, representante del imperio yanqui. Moncada traiciona entregando las armas rebeldes a Stimpson. El traidor pacto liberal de El Espino Negro demostró que la burguesía nacional nicaragüense se asociaba definitivamente a las clases feudales y reaccionarias. Más que nunca se justificaba el dicho popular de que “cinco oligarcas conservadores más cinco oligarcas liberales suman diez bandidos”.
Es necesario decir que el ofrecimiento de Stimpson a Moncada de otorgar diez dólares por arma a los rebeldes, que las habían conquistado al riesgo de la vida, produjo indignación. Muchos se negaron a sufrir la humillación que tuvo por escenario Las Banderas, a cuarenta y ocho kilómetros de Managua.
Sandino, el más preclaro hijo del pueblo nicaragüense, se irguió frente a la traición y continuó empuñando las armas.
Acerca del día en que los patriotas nicaragüenses desafiaron al imperio invasor y a los traidores, Sandino declaró: “El 4 de mayo es fiesta nacional porque fue ese el día en que Nicaragua probó ante los ojos del mundo qué su honor nacional no se humilla, que le quedaban todavía hijos que con su sangre lavarían la mancha de los demás”.

Sandino al frente de la guerra popular
Sandino decide trasladarse hacia Jinotega. Entre los centenares de veteranos que lo han acompañado en la gesta libertadora selecciona a treinta que reúnen las condiciones necesarias para la nueva etapa, que se inicia el 4 de mayo. Ocho días después, en Yalí: “Yo no estoy dispuesto a entregar las armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos”.
De Yalí se traslada a San Rafael del Norte, donde contrae matrimonio con la joven segoviana Blanca Aráuz. Una vez realizada la ceremonia matrimonial marcha hacia la montaña. Antes de partir suscribe una declaración patriótica donde afirma: “No me importa que se venga el mundo encima, pero cumpliremos con un deber sagrado”.
Más tarde, en el Manifiesto de El Mineral, suscrito desde el mineral San Albino, demuestra su patriotismo, expresa su sentimiento clasista contra los oligarcas criollos y los invasores yanquis, y destaca su preocupación por los oprimidos.
“El hombre que de su patria no (ni siquiera) exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído y no sólo ser oído sino también creído. Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera otra, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero
“Soy trabajador de la ciudad, artesano, como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y ajena sangre. Que soy plebeyo, dirán los oligarcas o sea las ocas del cenegal. No importa, mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza
“Los grandes dirán que soy muy pequeño para la obra que tengo emprendida; pero mi insignificancia está sobrepujada por la altivez de mi corazón de patriota, y así juro ante la Patria y ante la Historia, que mi espada defenderá el decoro nacional y que será redención para los oprimidos”.
“Venid, gleba de morfinómanos; venid a asesinarnos en nuestra propia tierra, que yo os espero a pie firme al frente de mis patriotas soldados, sin importarme el número de vosotros; pero tened presente que cuando esto suceda, la destrucción de vuestra grandeza trepidará en el Capitolio de Washington, enrojeciendo con vuestra sangre la esfera blanca que corona vuestra famosa White House, antro donde maquináis vuestros crímenes
En tanto Sandino preparaba a sus valerosos guerrilleros, el gobierno antipopular de Díaz permanecerá unos meses más, hasta tanto Moncada se haga cargo del poder, como retribución a su traición.
Stimpson salió de Nicaragua el 16 de mayo en el acorazado “Preston”, no sin antes recibir un grado honorario de la Universidad de Granada. Ese mes el gobierno de los Estados Unidos tuvo el cinismo de plantear a sus títeres nicaragüenses, ocho millones de dólares en reclamaciones por los daños ocasionados a propiedades norteamericanas durante la guerra. Según la ley del imperialismo, éste provoca guerras y después se arroga el derecho a cobrar las destrucciones que él mismo ha organizado.

Los guerrilleros frente al imperio
El 12 de julio de 1927, el comandante yanqui Hatfield, a cargo de la plaza militar de Ocotal, envía un ultimátum a Sandino. El Héroe de las Segovias le contesta al día siguiente: “Recibí su comunicación ayer y estoy entendido de ella. No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero patria libre o morir. No les tengo miedo: cuento con el ardor del patriotismo de los que me acompañan. Patria y Libertad. – A.C.SANDINO”.
Cuatro días después, en Ocotal, se enfrentaron 60 hombres de Sandino contra un enemigo más numeroso, que incluso usaba aviones. En este combate, que dura quince horas, la columna patriótica aplica el método de hacerse acompañar de campesinos sin armas, con la misión de expropiar a los comerciantes en la localidad. El Jefe del Estado Mayor de los patriotas, Coronel Rufo Marín Bellorini, cae mortalmente herido, y antes de morir exclama: “Díganle al General Sandino que muero como yo quería: peleando contra los yanquis”.
Aunque el optimismo de Sandino jamás decae, no oculta la difícil situación de su pequeño ejército. Después del combate de Ocotal, escribiría las siguientes palabras: “Siguió la lucha enconada y hubo alternativas. Vencimos y nos vencieron.”
San Fernando, El Jícaro, fueron encuentros adversos a los patriotas en los primeros tiempos de la campaña sandinista.

Organización y estructura de la guerrilla sandinista
La generalidad de los guerrilleros eran procedentes de la población campesina de las regiones combatientes y por esto tenían un dominio absoluto del terreno. A esta ventaja se unía la colaboración que prestaba la población rural informando los movimientos del enemigo.
Existía una nutrida red de espionaje campesino que suministraba la información que requerían los guerrilleros. De esta manera el invasor y los “perros” (miembros del ejército del país) veían un enemigo en cada campesino. Ser campesino en las regiones sandinistas era, en aquellos años, para el invasor, un delito.
Los guerrilleros sandinistas fueron severos con aquellos que prestaban ayuda al invasor, tanto delatores como latifundistas traidores. A quienes podían escapar a la justicia guerrillera, se les castigaba con la destrucción de los cultivos y bienes que poseían en sus haciendas. De esta forma los sandinistas infundían confianza en la población campesina, que con afecto llamaba: “los muchachos”, a los guerrilleros; por su parte se denominaban entre si con la palabra “hermano”.
Los sandinistas le entregaban a los propios campesinos que los acompañaban, alimentos, animales, ropas, calzado, medicinas, herramientas, etc. De esta manera se fortalecían y garantizaban el apoyo de la población campesina. A mediados de la jornada guerrillera, Sandino escribe una orden en la que considera categóricamente como un delito la no aceptación por los pobladores rurales de lo que es distribuido por los guerrilleros. La distribución de los bienes materiales resultó justificada debido a las condiciones en que se desarrolló la resistencia patriótica, incluso el atraso político de la población en las zonas donde operó el ejército guerrillero.
La vigilancia constante fue un factor principal de la guerrilla. A diferentes distancias de los campamentos se situaban postas de observación separadas desde media hora de camino hasta uno o más días. Cumplir correctamente la misión de un posta era un deber primordial cuya infracción se castigaba con la muerte ante la primera reincidencia.
Los soldados de Sandino, a quienes el enemigo calificaba de “bandoleros”, vestían harapos. Con frecuencia no usaban más frazada que rimeros de hojas de plátanos para resistir el frío en las cumbres de las Segovias.
El periodista norteamericano Carleton Beals visitó los campamentos de Sandino el 29 de marzo de 1928. En su reportaje refutó los infundios que la prensa mercenaria lanzó contra los guerrilleros cuya camisa “le caía en jirones” y “sus pies desnudos estaban metidos en los estribos hechos de palitos atados con lonjas de cuero crudo, mientras que la montura se reducía a unas bolsas superpuestas.
Ante la escasez de alimentos, los guerrilleros paliaban el hambre con caracoles que extraían de las quebradas, así como el palmito o cogollo de la palma de maquenque.
A pesar de las privaciones materiales, los sandinistas fortalecían su espíritu de sacrificio. Contrariamente, el invasor cometía todo tipo de actos vandálicos. En una ocasión, después de la victoria de El Bramadero, los sandinistas hallaron en una mochila yanqui una custodia de oro que el invasor había robado de la iglesia de Yalí. Los sandinistas devolvieron el objeto al templo.
Por su parte, las mujeres campesinas tuvieron una participación relevante como combatientes y en tareas auxiliares de la guerrilla. Junto a los guerrilleros con sus hijos de corta edad a cuestas, marchaban muchas mujeres campesinas. Ellas atendían a los heridos y a los enfermos a falta de médicos profesionales y confeccionaban la comida para los sandinistas.
Los guerrilleros utilizaban las armas que obtenían en el combate contra el invasor; además, fabricaban rudimentarias g r a n a d a s o bombas con dinamita extraída de los centros mineros. En latas vacías de sardinas que dejaban abandonadas los marinos o en pedazos de cuero, se introducía la dinamita junto con pedazos de clavos o chatarra. Asimismo usaban métodos ingeniosos para burlar la superioridad militar enemiga. En el cerro El Chipote se situaron en una ocasión peleles de zacate con el objeto de distraer la atención de los aviones yanquis, mientras los guerrilleros se retiraban por la dirección opuesta.
Entre las armas del arsenal guerrillero, se destacaron los rifles Krang, Infumo, Winchester, Springfield, ametralladoras Thompson y Browning, escopetas de taquear, ametralladoras Lewis y un cañoncito al que denominaron “La Chula”.
En el abrupto cerro El Chipote funcionó el campamento de entrenamiento guerrillero de los reclutas. A su vez, los campamentos de las distintas columnas se comunicaban entre sí a través de picadas o veredas secretas.
En la etapa inicial los sandinistas operan en la zona de Pueblo Nuevo, Somoto Grande, Quilalí y Ocotal, una región cuyos extremos están a menos de cincuenta kilómetros. Gradualmente las zonas de operaciones guerrilleras se van ampliando.
En 1932 la zona guerrillera se extiende por la mayor parte de las áreas rurales del territorio de Nicaragua. Las zonas de operaciones guerrilleras abarcan regiones de la Costa Atlántica, Chontales, Matagalpa, Jinotega, Nueva Segovia, Estelí, Managua, Chinandega y León.
Durante cierto tiempo opera una columna en el Departamento de Rivas, situado en el extremo sudoccidental del país.
El territorio que controlaban los sandinistas tenía un perímetro de más de mil kilómetros, cuyos puntos extremos fueron: Chichigalpa, al oeste, San Francisco del Carnicero y Santo Domingo de Chontales al sur, Puerto Cabezas y Cabo Gracias a Dios por el este y casi toda la frontera con Honduras por el norte.
La emboscada representó la táctica fundamental de la guerrilla para atacar la fuerza armada del invasor y sus “perros”. Según el destacado jefe guerrillero sandinista Santos López, “se les dejaba penetrar dos días sobre la montaña, aquí se les atacaba, los yanquis retrocedían, y en su retroceso se les atacaba por varios sitios a lo largo del recorrido a la entrada y a la salida. Ellos no tenían más remedio que retroceder, con bajas y heridos”. También varios aviones norteamericanos fueron derribados por los guerrilleros cuando bombardeaban criminalmente a la población civil.
Según la reseña, a todas luces incompletas, elaboradas por el comando de los United States Marines Corps, los combates sostenidos por los sandinistas ascendieron a 510. Distribuidos en la siguiente forma: 73 encuentros del 14 de mayo de 1927 al último día de diciembre de 1929; 120 encuentros en el año de 1930; 141 encuentros en 1931; 170 encuentros en 1932. Tal recopilación ha sido prácticamente desconocida hasta hoy. Incluso en la reputada obra acerca de la gesta sandinista publicada por el autor argentino Gregorio Selser se expresa la inclinación a sostener que en el año de 1930 hubo muy pocos encuentros, lo cual definitivamente no fue así.
La impotencia del invasor por aniquilar a los heroicos guerrilleros se convertía en crueles represalias contra los pobladores indefensos. Niños de pocos años eran lanzados al aire para que cayeran ensartados en las afiladas bayonetas de los soldados yanquis; estas bestias tomaban de ambas piernas a niños campesinos hasta abrirlos y descuartizarlos.

La componenda entre liberales y conservadores
Mientras los guerrilleros sandinistas mantenían a raya al invasor en las montañas, los oligarcas de ambos bandos acordaron compartir el botín del gobierno títere.
El 22 de diciembre de 1927, el imperialismo acuerda con los liberales y los conservadores crear una fuerza armada mercenaria que se denominaba Guardia Nacional. Su misión principal inmediata es el exterminio de los patriotas sandinistas. Durante su primera etapa la Guardia Nacional tiene exclusivamente una oficialidad norteamericana.
Un aspecto poco menos que desconocido del proceso guerrillero en Nicaragua fue la sublevación de soldados nativos contra los mandos yanquis en algunas unidades. Ellos eran objeto de todo tipo de vejámenes por parte de la despótica oficialidad yanqui.
Se registraron sublevaciones en los siguientes lugares: Somotillo, Paso Real, El Jícaro, Somoto, Quisalaya, Quilalí, San Isidro, Guardia Presidencial de Managua y en dos ocasiones en Telpaneca. En tales lugares los subalternos nicaragüenses volvieron sus armas contra los jefes yanquis y varios de los sublevados se incorporaron a las columnas patrióticas.
En la farsa electoral del 4 de noviembre de 1928, Moncada se convierte en Presidente. Las mesas electorales son presididas por 45 oficiales norteamericanos. El Presidente de la Comisión Electoral “Nacional” es el General Frank Ross MacCoy.
Ese mes, a bordo del barco “Mary Land”, el Presidente norteamericano Hoover se reúne con el liberal José María Moncada y los conservadores Emiliano Chamorro y Adolfo Díaz. El Presidente Hoover dijo en esta reunión: “Ha llegado ahora una base de solución que merece la más profunda gratitud de todos nuestros pueblos y por lo cual deseo felicitar a los dirigentes de la nación nicaragüense”.
El nuevo Presidente liberal designa como Secretario de la Comandancia General (antesala de la Jefatura de la Guardia Nacional) y como titular temporal de Relaciones Exteriores a un obscuro individuo que más adelante alcanzará notoriedad: Anastasio Somoza García. De acuerdo con el mando yanqui, Somoza es nombrado Jefe de la Guardia Nacional a finales de 1932.
Juan B. Sacasa aprueba la traición del Espino Negro y es designado por Moncada como representante de su gobierno en Estados Unidos.

La soberanía se defiende can las armas
Una vez asumida la Presidencia por Moncada, el Almirante D. F. Sellers envía una comunicación a Sandino en la que pretende llamarlo a poner término a la resistencia armada. El jefe guerrillero le contesta: “El patriotismo a que Ud. apela, es el que me ha mantenido repeliendo la fuerza contra la fuerza, desconociendo en absoluto toda intromisión del gobierno de usted en los asuntos interiores de nuestra Nación, y demostrando que la soberanía de un pueblo no se discute sino que se defiende con las armas en la mano
A su coraje y profundo patriotismo se unió su entereza para soportar todo tipo de privaciones y dificultades materiales. En junio de 1930, el charnel de una bomba lanzada por la aviación yanqui sobre Saraguasca lo hirió en la pierna izquierda. Sin asistencia médica se recuperó de la herida con la atención de sus camaradas de armas. En su conducta personal tuvo por norma la sobriedad. En una ocasión se le ofreció un trago de licor para hacer un brindis y se negó diciendo que: “El agua clara de la montaña es lo único que he tomado en estos últimos anos
Con lenguaje sencillo explicaba a los campesinos guerrilleros que los pueblos derrotarían definitivamente al imperialismo yanqui. El veterano combatiente Simón González recuerda que le escuchó decir: “Algún día, tendrán que ser derrotados por completo los yanquis, y si acaso yo no pudiera ver ese final, las hormiguitas de la tierra me lo llegarán a contar a mi sepultura”.
Aunque no tuvo la oportunidad de asistir a centros escolares, Sandino se cultivó por cuenta propia. En la montaña, según él mismo lo refiere, leía a la luz de fogatas. Entre los libros leídos está “El Quijote”, del que memorizó párrafos enteros.
A un colombiano que se había sumado a las columnas guerrilleras y que lo ayudó en su instrucción cultural; el héroe nicaragüense lo llamaba “mi mentor”.
Hay que señalar que la multiplicada intromisión del imperialismo yanqui en los países del Caribe tuvo como respuesta una acentuación de la lucha patriótica en la República de Haití, Dominicana, Puerto Rico, Cuba, México, Venezuela y otros lugares.
El albor de las ideas sociales que despuntó en estas luchas se proyectó en las ideas políticas del héroe guerrillero de Nicaragua. Sin embargo, las condiciones que imponía el carácter naciente del moderno movimiento antiimperialista de los pueblos no permitió a Sandino que su correcta estrategia militar fuera correspondida con una estrategia política correcta que garantizara la continuidad del proceso revolucionario.
Debe destacarse que el héroe nicaragüense tuvo clara conciencia del papel determinante de la lucha armada en el logro de la definitiva independencia nacional y además se identificó con las ideas avanzadas de reivindicación social.
A lo largo de los años de su lucha se advierte en Sandino su ideario que propugna por la transformación social y que se refleja desde el principio hasta los finales de la resistencia. En 1933, el periodista español Ramón Belausteguigoitia informa en sus crónicas, que en el campamento de Sandino se entona el himno proletario “La Internacional”.
Su comprensión del papel decisivo de los obreros y campesinos en el combate guerrillero se refleja al declarar en 1930: “Hasta el presente nuestro ejército reconoce el apoyo que los sinceros revolucionarios le han prestado en su ardua lucha; pero con la agudización de la lucha, con la creciente presión por parte de los banqueros yanquis, los vacilantes, los tímidos, por el carácter que toma la lucha, nos abandonan, porque sólo los obreros y campesinos irán hasta el fin, sólo su fuerza organizada logrará el triunfo”. Dos años después plantea: “Nuestro ejército se prepara para tomar las riendas de nuestro poder nacional para entonces proceder a la organización de grandes cooperativas de obreros y campesinos nicaragüenses, quienes explotarán nuestras riquezas naturales en provecho de la familia nicaragüense en general”.
El jefe guerrillero también estuvo dispuesto a empuñar el fusil en otras tierras; decía: “No será extraño que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América Latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista”.

Solidaridad en el aislamiento
La solidaridad internacional de los pueblos con la guerrilla sandinista se expresó con la participación de combatientes latinoamericanos en la trinchera nicaragüense, contándose entre ellos el venezolano Carlos Aponte, quien cayó en tierra cubana al lado del líder antiimperialista Antonio Guiteras. Asimismo estuvo al lado de los guerrilleros sandinistas el mártir comunista salvadoreño Farabundo Martí, a quien recordó Sandino hasta el último momento como a un hermano.
Además de la presencia física propia en la montaña guerrillera de algunas revolucionarios, figuras prominentes antiimperialistas exhortaron a la solidaridad con los rebeldes nicaragüenses. En 1929 Sandino viajó a México en busca de solidaridad, pero encontró solamente la perfidia de la burguesía mejicana, que hacía demagogia antiimperialista. Dura fue la comprensión de quienes se decían revolucionarios, que incluso ponían en duda el carácter patriótico de la resistencia armada nicaragüense basándose en absurdas conjeturas que surgían de una dialéctica aberrada. Considérese que México era en ese tiempo, uno de los principales centros de movimiento obrero revolucionario de América Latina.
Sandino comprende el aislamiento y la soledad con los que termina sufriendo su lucha. Estando en México, en 1929, escribe: “Nos agobia el silencio, el aislamiento, la desesperación de permanecer ignorados. Nos hacia falta que el mundo conociera que aún estábamos en la lucha., la lucha ha seguido 'en Nicaragua, tan intensa como antes, pero el dinero norteamericano nos ha hecho el silencio”.
El 15 de diciembre de 1931 expresa desde la montaña, que ha pasado más de un año sin recibir noticias de Zepeda, para ese tiempo su representante en el exterior.

Ignominiosa retirada del invasor.
En enero de 1933 pasa a ocupar la jefatura del gobierno Juan B. Sacasa. Las columnas guerrilleras llevan ya varios años de tenaz y heroica resistencia con las armas en las manos. A la intervención armada del poderoso imperio yanqui, le ha resultado imposible vencer al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
A finales de 1932 los intelectuales Sofonías Salvatierra y Salvador Calderón Ramírez, han enviado al héroe, victoriosos mensajes planteando la paz y la esperanza en la consolidación de la soberanía nacional.
El jefe patriota contesta a Salvatierra, y aunque deja abierta las puertas a las conversaciones, crítica enérgicamente a Sacasa. Al producirse la entrevista entre Salvatierra y Sandino, en enero de 1933, el guerrillero le presenta el documento conocido como “protocolo de paz”. En tal documento el héroe nicaragüense plantea en algunos párrafos, que Juan B.Sacasa, durante sus cuatro años de administración “prescindirá absolutamente de intromisión extraña en las finanzas de Nicaragua, y fijará la determinación que tenga respecto a la llamada “Guardia Nacional”.
Además, señala que “por iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua, decrete el mantenimiento íntegro en el nuevo departamento “Luz y Verdad” de los elementos bélicos que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional ha usado durante la guerra dignificadora, de nuestro honor nacional”.
El héroe agrega en el documento que: “el Congreso Nacional decrete extraer de los archivos nacionales e incendiar todos los documentos en que se califique de bandolerismo la actitud patriótica de nuestro ejército” y que “en el convenio definitivo de paz, debe dejarse constancia de que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, pide la revisión de los tratados Bryan-Chamorro por ser notorio que fueron celebrados por un gobierno nicaragüense impuesto por la intervención norteamericana”.
El jefe guerrillero se opuso a una paz en la que, los antiguos combatientes fueran despojados de sus armas. Por otro lado denunciaba la intromisión económica que seguía pesando sobre el país, así como los tratados que lesionaban la dignidad y soberanía de la nación.
Frente al hecho de las negociaciones, los latifundistas del norte del país, expresaron su abierta inconformidad y exigieron una persecución inmediata contra los patriotas que permanecían armados en la montaña.
Por su parte la propaganda enemiga, calumniaba a los sandinistas, afirmando que lo que menos les interesaba era combatir la intervención armada yanqui, y que ésta era sólo un pretexto para dedicarse a cometer delitos. Este tipo de ataque no dejaba de tener algún resultado sobre una población que carecía de una correcta orientación política. La participación de los patriotas en las negociaciones, contribuyó a echar al suelo la propaganda antisandinista.
El héroe accedió a suscribir un convenio con el gobierno de Sacasa, solamente después de producirse la ignominiosa retirada de los invasores yanquis del territorio nicaragüense. Tal retirada fue la culminación de la gran victoria militar de los guerrilleros sandinistas.
La patriótica protesta en diversos rumbos de América Latina, y en particular en los piases del Caribe, en la que adquirió relieve la porfiada lucha sandinista, obligó al gobierno norteamericano a renunciar su política de “Buena Vecindad”, que era un compromiso de no intervenir militarmente en los piases de la América Latina.
Un mes después de la retirada el héroe, expresa en una proclama dirigida a los guerrilleros lo siguiente: “Nuestro ejército, por la magnitud de su lucha, constituye una autoridad moral continental, y en el ámbito de simpatía con que nuestro ejército cuenta en el mundo, produjo la expulsión completa de los piratas norteamericanos en Nicaragua”.
El 2 de febrero de 1933, el héroe parte hacia Managua para sostener discusiones con el gobierno de Sacasa. La oportunidad de ver el símbolo viviente del patriotismo, representa un jubiloso acontecimiento para el pueblo de la ciudad capital. El mismo día se suscribe el convenio que especifica los acuerdos a que han llegado los delegados de los partidos tradicionales con los representantes del guerrillero. Por parte del Partido Liberal suscribe el documento, Crisanto Sacasa, que en las venideras décadas sería muy conocido por sus servicios al régimen anti-popular.
Al discutirse las condiciones, Sandino se niega terminantemente al desarme que pretenden imponerle y sólo acepta un desarme gradual que permita mantener en armas a cierto número de guerrilleros. Además, el convenio se refiere a “mantener por todos los medios racionales, adecuados y jurídicos, e1 resplandecimiento en toda su plenitud de la soberanía y la independencia política y económica de Nicaragua”.
Aunque Sandino derrota la intervención militar del imperialismo yanqui, no le es posible evitar que continúe la dominación económica y la intromisión política. En carta enviada a la señora Lidia de Barahona, apunta:
“Con pena le manifiesto que nuestro gobierno no es todavía autónomo, porque existe la intervención política y económica, que no podrá desaparecer mientras los gobiernos pertenezcan a partidos determinados”.
Asimismo el peligro que representa para los intereses nacionales la Guardia Nacional, fuerza armada mercenaria que los agresores han dejado organizada, es advertido por Sandino en carta que dirigió a su compañero de armas, Francisco Estrada: “La situación de Nicaragua es la siguiente: La Guardia Nacional, es una institución contraria a las leyes y a la Constitución de la República; ha sido creada por un convenio entre el Partido Liberal y el Conservador por indicación de la intervención norteamericana”.
[También Estrada comentó a Sandino acerca de la idea del nuevo partido político que pensaba organizar, según la misma de Estrada del 30 de Mayo de 1933 dirigida a Enrique Rivera]*. Los objetivos de la nueva organización política son explicados por el guerrillero sandinista Francisco Estrada, en una carta en la que destaca que: “será el que acabará con los sectarismos pasados, pues en él se fundirán todas las entidades que van en el país”.
El 1. de agosto de 1933, se produce una explosión en el Campo de Marte que refleja las siniestras maniobras que están en camino. El desarrollo de los acontecimientos indica, que la explosión ha sido provocada por el Jefe Director, Somoza, para dar a entender que existe un supuesto peligro e inestabilidad en el país’ lo que acentúa la tendencia de las clases reaccionarias en favor de un gobierno militar controlado por la Guardia Nacional.
En los primeros días de diciembre, Sandino realiza un tercer viaje a Managua. A raíz de este viaje rectifica el plan de formar un nuevo partido político, lo cual en ningún caso debe entenderse como la renuncia a la formación de una fuerza política distinta, ya que expresa: “limitaremos el mantenimiento del sandinismo con todos sus prestigios de autoridad moral, para ser factores decisivos en los destinos de la nación, en la primera oportunidad que se presente”.
De modo que la no formación inmediata del partido, significaba sólo un cambio de forma en la aspiración de constituirse en un movimiento político independiente, para alcanzar la influencia determinante en el devenir de la situación del país. Es importante destacar, que desde el 4 de mayo de 1927, Sandino había roto los vínculos que los ataban al Partido Liberal.
A partir de la expulsión de los agresores yanquis, la camarilla político-militar que fusiona a los dos bandos de la oligarquía, pasa a ser encabezada por Anastasio Somoza García. En la Jefatura de Gobierno, Sacasa significa en función de simples rivalidades la tendencia civil del sector reaccionario. Las discrepancias entre Somoza y Sacasa carecen de un decisivo contenido clasista, ya. que ambos representan los intereses de la oligarquía y el imperialismo.

El crimen infame
Tanto la embajada como sus agentes de la oligarquía, coinciden en su temor por el prestigio nacional de Sandino, quien goza de respaldo popular.
El embajador Bliss Lane, quien había. sustituido a Hanna, declara sin rodeos en un tele-
grama enviado al Secretario de Estado que en relación a Sandino le han expresado a Somoza que tenga cuidado con una “precipitación”. Esto explica que para perpetrar el crimen, se haya dejado transcurrir un año desde los inicios de las negociaciones. El término “precipitación” muestra claramente que el imperialismo yanqui había condenado a muerte alevosa al héroe, pero que al mismo tiempo se proponía evitar que los guerrilleros sobrevivientes se tomaran una justa venganza y continuaran la resistencia contra la MERCENARIA GUARDIA NACIONAL.
El 21 de febrero de 1934, el embajador Bliss Lane se comunica con Somoza en dos oportunidades. El mismo día se reúne el procónsul yanqui con José María Moncada, íntimo de Somoza. Augusto César Sandino y sus hermanos de armas Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino, son asesinados.
Entre otros detalles que se conocen de la actitud del héroe ante sus verdugos, sobresalen las palabras que le lanzó cuando procedían a registrarle los bolsillos: “No llevo ni un sólo centavo porque jamás he tomado los fondos de la nación”.
El vil asesinato del héroe nicaragüense es la culminación de veinticinco años de crímenes cometidos por los agresores yanquis y los oligarcas vende-patria desde la recrudecida intervención imperialista de 1909. Durante un cuarto de siglo de dolor y combate, cerca de 25,000 hijos de Nicaragua, fecundaron el suelo sagrado, que algún día inexorablemente verá florecer la libertad y la justicia.
En agosto de 1934, liberales y conservadores, en común acuerdo, decretan una amnistía a favor de quienes estén implicados en el asesinato del héroe. Sacasa renuncia dócilmente a su papel decorativo y Somoza asume directamente las riendas del poder. Luego de una farsa electoral de sicario, Somoza ocupa oficialmente la Presidencia el primero de enero de 1937.
Después del asesinato de Sandino, el Jefe Guerrillero Pedro Altamirano, “Pedrón” para sus enemigos, se mantendrá por varios años en la montaña, al frente de una pequeña y solitaria tropa, hasta que en 1939 muere por mano enemiga en La Garnacha.
La tragedia que cayó sobre Nicaragua a partir del crimen del 21 de febrero, se ha prolongado por varias décadas y aún hoy flagela la vida del pueblo de Sandino.
Con la victoria de la Revolución Cubana, recobró su fulgor el rebelde espíritu nicaragüense. El marxismo de Lenin, Fidel, el “Che”, Ho Chi Minh, fue acogido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que ha emprendido de nuevo la difícil senda guerrillera. Desde meses de 1958, años tras años, se ha repetido, en más de un centenar de ocasiones, el combate guerrillero que conducirá a la liberación definitiva.
La emancipación nacional de Nicaragua, se alcanzará a través de la acción armada, sostenida por las masas populares y orientadas por los más avanzados principios revolucionarios. Las celadas enemigas del pasado fracasarán de repetirse ahora. En el nuevo tiempo, no sólo uno de cuantos pueblos se rebelan contra el imperialismo yanqui, sino que todos juntos en creciente batalla unánime y encaminada a derrotar al ejército del dólar. Viet-Nam, Cuba, por rumbos opuestos del mundo cimero, ejemplos de la decisión actual de los pueblos.
En esta nueva batalla, la joven generación nicaragüense, fiel al legado de Augusto César Sandino, prueba con su sangre, que ocupa un honroso lugar.

  • Este texto no aparece en las tres ediciones anteriores del DEPEP, ni en las dos que la Editorial Nueva Nicaragua ha editado en “Bajo las Banderas del Sandinismo”. Consultando con el Instituto de Estudios del Sandinismo (IES), acordamos agregarlo para aclarar el sentido del párrafo siguiente. (N.E..)

(Extraído de Internet – www.fsln.de)

Última modificación: 26 de julio de 2011 a las 10:59
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