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Y ahora: La izquierda!

Pablo Monsanto

La iniciativa que se plasma en este documento surge del esfuerzo y las propuestas planteadas por un grupo de personas conformado por militantes revolucionarios históricos, militantes nuevos y jóvenes, y por representantes de los diferentes grupos étnicos, de género, sectores económicos y sociales, que creemos en la urgencia y la importancia de rescatar y refundar el movimiento revolucionario y democrático en Guatemala; y que creemos en la importancia de contribuir a la construcción de un frente amplio democrático de organizaciones progresistas y de izquierda, que sirva como vehículo para cambiar el Estado actual por uno que sirva a los intereses de la nación en beneficio de las grandes mayorías de guatemaltecos y guatemaltecas.
El ánimo con que realizamos este esfuerzo no es abrir heridas ni despertar susceptibilidades; tampo¬co es crear un ambiente de tensión que profundice la división. Se trata de aplicar el método dialécti¬co de análisis partiendo de lo histórico a lo lógico, para conocer lo más concreto posible la experiencia y, con base en ello, refundar el movimiento revo¬lucionario que supere sus deficiencias, debilidades y errores, para conformar un gran movimiento na-cional de izquierda –entendiendo como izquierda al movimiento político y social que lucha por los dere¬chos de los desposeídos- capaz de hacer frente a la derecha que ha gobernado durante más de cincuenta años al país entregándolo por completo a los intere¬ses del capital.
Con optimismo y convicción presentamos una se¬rie de propuestas, criterios y pautas, con el objeto que sean revisadas, analizadas y discutidas en un debate abierto y participativo; y para que puedan, en un futuro, tomarse como principios rectores del funcionamiento de un frente plural y heterogéneo de la izquierda en el país, que integre una estrategia transformadora con la idea de refundar la izquierda guatemalteca.
Durante los últimos años se ha hecho énfasis en el fracaso de la izquierda como consecuencia de las divisiones que dentro de ella se han ido marcando. Este ha sido un tema reincidente en los medios de comunicación en los ámbitos políticos y sociales, y nosotros hemos facilitado este trabajo con acusa¬ciones mutuas entre dirigentes de la izquierda que no han superado las barreras de las diferencias po¬líticas.
Frente a esta evidencia, sólo nos queda buscar es¬pacios donde el debate político sea el principal pro¬tagonista, incluso, por encima de las personas; y profundizar en la búsqueda de acuerdos adoptados democráticamente con los que nos sintamos identi¬ficados y vinculados, aprendiendo de los errores; de tal forma que, las discrepancias puedan resolverse a través de mecanismos de solución de conflictos in¬ternos.
Pensamos que la división que afecta a la izquierda guatemalteca no es sólo una de las causas de su de¬bilidad política en la actualidad, sino que a su vez es consecuencia del efecto de la aplicación de una estrategia de la derecha para perpetuarse en el poder de las estructuras del Estado, de los recursos natu¬rales y del país en general. También ha sido la falta de una estrategia de la izquierda dirigida a enfrentar integralmente la a la derecha, que busque cambiar la correlación de fuerzas a favor del proceso de lucha progresista y revolucionaria.
En los últimos años han surgido diferentes inicia¬tivas para convocar a la unidad de la izquierda; la¬mentablemente, ninguna ha tenido los resultados de¬seados ni para los organizadores ni para la izquierda en si misma ni para lograr el impulso de un cambio del sistema político y económico a través de las vías democráticas, que se traduzca en beneficios sustanti¬vos y cualitativos para la población y para el país.
Creemos que no es el momento de reproches mu¬tuos. Es el momento para asumir la responsabili¬dad histórica y de acción, y de explorar en positivo nuevas formas de articular el espacio socio político de izquierdas en Guatemala. Si queremos ser el mo¬tor de las transformaciones políticas, económicas y sociales de Guatemala, debemos hacer un esfuerzo para superarnos en la construcción de un proyecto alternativo de izquierdas, que sea producto de las aportaciones de los que componemos ese espacio para que trascienda a las personas que, en uno u otro momento, lo han dirigido desde los diferentes cargos orgánicos o institucionales, históricos y nuevos.
Es necesario analizar y reflexionar por qué, si las diferentes expresiones de izquierda y de centro iz¬quierda en medio de condiciones extremas de re¬presión, representaron una fuerza política decisiva e influyente en el contexto político nacional duran¬te más de cuarenta años, ahora, en la “Paz”, no se ha tenido la capacidad de ejercer el mismo efecto al participar dentro los espacios democráticos.
En este sentido, las personas y las organizaciones progresistas y de izquierda en el país, debemos con¬siderar al menos tres elementos fundamentales a la hora de abordar la refundación de la izquierda:

1. La firma de la Paz Firme y Duradera se rea¬liza dentro de un marco político que conserva las ca¬racterísticas y normas de un Estado contrainsurgen¬te, represivo y violador de los derechos humanos; un sistema antidemocrático, que no es adecuado ni funcional para la construcción de la Paz que el pue¬blo de Guatemala aspira y necesita.

2. La falta de una estructura sólida representa¬tiva de la izquierda, nos da la pauta para reconocer la necesidad de una izquierda plural con diferentes expresiones políticas y sociales que tengan un obje¬tivo común.

3. La identificación de los partidos políticos como simples plataformas electorales que no actúan como intermediarios políticos de los ciudadanos ni facilitan la participación real de los mismos en la vida política.
En este contexto, es imprescindible reflexionar so¬bre la urgencia de rescatar y/o replantear los obje¬tivos estratégicos comunes que nos unan. Elaborar de manera conjunta una propuesta estratégica y pro¬gramática que permita la acción política unitaria del conjunto de la izquierda guatemalteca.
Haciendo un análisis de la situación actual, tanto na¬cional como regional e internacional, identificamos dos elementos que de manera coyuntural favorecen a la refundación de la izquierda en Guatemala:

• La crisis de la derecha:
El fracaso del sistema neoliberal, la necesidad de rescatar y fortalecer a los Estados Nacionales, y las pugnas de poder entre los diferentes grupos y sec¬tores de derecha que existen en el país, entre otras, deben convertirse en la oportunidades para la for¬mación y crecimiento de las organizaciones progre¬sistas de izquierda y del movimiento revolucionario. Dependerá de nuestra voluntad y madurez política impulsar un proyecto viable que permita impulsar todos estos cambios necesarios y urgentes.

Análisis

A nuestro favor tenemos el hecho que la derecha en el país, se encuentra muy dividida y confrontada. En una primera etapa durante los últimos años del siglo XX, la estrategia del imperialismo para neutralizar y poner fin a los movimientos revolucionarios en el mundo cambia; la imagen de los gobiernos títeres, militares genocidas y represivos ya no puede conti-nuar y se hace necesario cambiar esta imagen nega¬tiva para volverla favorable. Por ende, los militares ya no son útiles ni fundamentales en la ejecución de sus objetivos, y dejan de ser el instrumento político medular, pasando a jugar en las ligas menores de la política. En una segunda etapa después de la Firma de la Paz Firme y Duradera, el enemigo común de los sectores de la derecha queda sin fuerza militar y neutralizado políticamente; los objetivos de la de¬recha se dividen y dispersan, convirtiéndose en in¬tereses particulares, lo que contribuye a una pugna permanente por el poder y los recursos.
La estrategia para la derecha cambia desde afuera; es impuesta a partir que los países en vías de de¬sarrollo, entre ellos Guatemala, se ven avasallados por las imposiciones políticas y económicas de los Estados Unidos de América y, en los últimos años, por las de la Unión Europea; aunque, esta última al ser más reciente y enfrentar algunas diferencias con los primeros, lo han hecho de una manera más sutil, respaldada por los valores y principios del Sis¬tema de Naciones Unidas, a través de un sistema de “Cooperación Internacional” y de políticas para el desarrollo.
Las estrategias económicas y financieras con enfo¬que social, han permitido que la política intervencio¬nista se filtre dentro de nuestro país. Estos procesos afectan a los sectores sociales, populares, políticos y sociedad civil en general, convirtiéndolos en mem¬branas permeables a los “sistemas democráticos con propuestas políticas y económicas neoliberales”. Esto también pone a la derecha y a los sectores re¬accionarios del país, en una posición dubitativa que los hace entrar en grandes contradicciones ideológi¬cas, económicas y políticas, lo cual genera a su vez, una decepción generalizada de la población hacia los políticos, partidos políticos, gobiernos de turno y al Estado de Guatemala.
Durante décadas se da en el país una sucesión de gobiernos y dictaduras militares al servicio de los poderes económicos oligarcas y transnacionales, lo que origina un sector burocrático que comienza a competir con la oligarquía. Surge así una elite de militares que se enriquece y logra un nuevo status, y que a lo largo del tiempo mediante una política de terror, abuso de poder y actos ilícitos, alcanzan un poder económico suficiente para ser independientes e imponer sus propios intereses.
En ese período, surge también un sector modernizan¬te dentro de la oligarquía, que intenta romper los es¬quemas de una sociedad económica tradicionalmente latifundista, e introduce a la sociedad guatemalteca una forma de economía medianamente industrializa¬da y modernizante, que permite al país incorporarse de manera competitiva a un mercado globalizado.
La oligarquía añeja que tiene el capital tradicional, participa en las elecciones con sus propios candida¬tos a través de los partidos políticos de derecha; y ocupa cargos públicos desde el gobierno de Vinicio Cerezo. El sector modernizante participa más direc¬tamente en el ejercicio del poder político, haciéndose de la fórmula perfecta para engordar sus fortunas; por un lado utilizando el dinero y los recursos públi¬cos y, por otro lado, desde finales de los años 80 y la década de los 90, aplicando las políticas neoliberales en la privatización de las empresas del Estado y de los recursos de la nación. Esto último no contribu¬ye a una mayor apertura económica y tampoco a una mayor competitividad como lo plantean en el discurso político; y simplemente pasan de ser mo¬nopolios públicos a ser monopolios privados, que ejercen mayor presión sobre los consumidores y los gobiernos.
A esto hay que agregar que en la producción, ex¬portación, importación y comercialización, tienen injerencia los monopolios y oligopolios que con¬trolan los sectores estratégicos y más rentables de la economía, que imponen los precios en el mercado interno afectando a los consumidores, y que frenan el crecimiento económico; pues estos constituyen un factor de desigualdad en la distribución de la rique¬za.
La persistencia de dichos monopolios y oligopolios, además de generar más desigualdad, tiende a crear grupos de presión que pugnan entre sí por el control del Estado para obtener protección y privilegios fis¬cales en aras de rentabilizar sus negocios. Entrelazan las políticas públicas con los intereses privados para mantener de esa forma capturado al Estado. Así, las grandes empresas controlan a los cuerpos de gobier¬no, que les suministra una amplia gama de ventajas generadoras de renta según sea su voracidad.
En ese ambiente político, legal y económico, las pe¬queñas y medianas empresas están en total desventa¬ja, pues se enfrentan a las grandes empresas captoras del Estado que frenan el crecimiento económico y fomentan la corrupción, creando un círculo vicioso que incentiva la lucha por el control del poder como estrategia competitiva de quienes se turnan en ese ejercicio. De tal cuenta, la existencia de los sobor¬nos, compra de leyes, jueces, licitaciones, malversa¬ción de donaciones, y financiamiento a los partidos políticos.
El proceso de paz en nuestro país ha favorecido, fundamentalmente, a los factores de poder y al siste¬ma mismo. Ni el movimiento guerrillero ni el ejér¬cito se benefician con la paz más allá de la ausencia de la guerra. Esto tiene origen en el incumplimiento global y específico de los Acuerdos de Paz y en la imposición de las políticas neoliberales y mafiosas que prevalecen hasta ahora dentro del Estado y que, finalmente, afectan de forma directa a la población guatemalteca.
No hay que olvidar que los gobiernos que se han su¬cedido después de la firma de la paz, comprometen los intereses de la nación y acrecientan la privati¬zación de los recursos estratégicos en beneficio de compañías y corporaciones internacionales y mul¬tinacionales, de manera desventajosa y lesiva para el país. Fomentan el contrabando en gran escala, el narcotráfico, la corrupción, la gran evasión fis¬cal, y la estafa a los cuenta-habientes por mafias financieras (quiebra dolosa de bancos). Como resultado se tiene el secuestro o captura del Esta¬do por la alianza de los sectores económicamente más poderosos y el crimen organizado.
Podemos concluir que en Guatemala se vive un proceso de división y desvirtualización de los po¬los económicos y de la derecha, específicamente entre la oligarquía y los sectores que están al servicio de ésta. A pesar de eso, el control del Estado se mantiene, principalmente, en manos de la de¬recha y de los sectores más reaccionarios del país, donde siempre hay una constante presencia de la oligarquía y penetración del crimen organizado y el narcotráfico.
Los revolucionarios y progresistas no podemos perder de vista que la situación nacional está di¬rectamente relacionada con la política mundial, la cual toma un rumbo interesante en los últimos años. El derrumbe del campo socialista, la más profunda crisis del sistema capitalista mundial que todavía no toca fondo, y la descomposición social, son elementos coadyuvantes para que los gobiernos imperialistas tengan que modificar sus estrategias intervencionistas y le aporten a éstas un enfoque y componentes diferentes con políti¬cas distintas a las del pasado.
Los procesos de integración regional, los tratados de libre comercio y convenios comerciales y de cooperación entre los países del norte y los del sur, son algunas de las piezas clave para garan¬tizar la instauración y consolidación de las rela¬ciones e interrelaciones de los poderes políticos y los poderes económicos en beneficio de los países desarrollados. Esto confunde a los pueblos y en muchos casos a sus líderes.
Pero, la situación política actual en el continente favorece a la izquierda. La capacidad de enten¬derlo y de sumarse al movimiento latinoamerica¬no como una fuerza unitaria, nos fortalece a nivel nacional, y contribuye a recuperar la credibilidad política e ideológica en el campo internacional para el beneficio de la izquierda como fuerza po¬lítica, y para la sociedad guatemalteca.

El rescate y resurgimiento de las ideas y propuestas políticas-ideológicas de izquierda en América Lati¬na, su puesta en práctica a través del movimiento bolivariano e institucionalizadas dentro de la forma de gobierno de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nica-ragua, Paraguay, Uruguay y Cuba, abren nuevos es¬pacios de cooperación, colaboración y solidaridad social y económica para los pueblos; espacios que contrastan con los propuestos por los sectores de de¬recha y organizaciones internacionales que impulsan y promueven las políticas neoliberales en la región.
A estos nuevos espacios se suman los gobiernos per¬filados dentro de la socialdemocracia; los gobiernos de Brasil, Argentina, Chile y Honduras, los cuales, con excepción de este último, representan actual¬mente las economías más sólidas en la región. Aho¬ra que el FMLN ha ganado las elecciones en marzo de 2009, son ya doce países que se colocan a la izquierda; con eso, se crea una correlación de fuerzas favorable a la transformación justa y solidaria de los Estados y sistemas económicos tradicionales de la región.
En algún momento se visualizaron esos espacios como casos fortuitos, pero en la actualidad se visua¬lizan como una amenaza real para la derecha nacio¬nal y mundial. El hecho que doce países de la región tengan gobiernos con identificación ideológica de izquierda y/o con proyección socialista, convierte a la enfermedad en epidemia. Por ello, las potencias se mueven de manera rápida para llevar adelante una estrategia a nivel continental con el fin de contra¬rrestar este fenómeno y frenarlo.
La izquierda guatemalteca debe prepararse ante esta situación. Estamos convencidos de que es necesaria la transformación del Estado para rescatarlo y poner¬lo en función y en beneficio del pueblo, sin perder de vista la necesidad de desarrollar a lo interno de la iz¬quierda la capacidad de comprender y ser sensibles ante los problemas inmediatos y cotidianos, y ante la concepción y percepción que sobre los mismos tienen los movimientos sociales, sus organizaciones y los propios ciudadanos y ciudadanas. Hacer de esto una clave esencial de nuestra elaboración e ini¬ciativa política, siempre con una perspectiva global, es decir, lo más abiertas y amplias posibles.
Atravesamos un momento histórico marcado por la crisis económica y financiera mundial, con repercu¬siones sociales cuyos límites aún nos resultan desco¬nocidos. La crisis del modelo económico neoliberal, expresión fundamental del capitalismo durante los últimos años, alcanzó una excepcional profundidad que certifica el fracaso político de la derecha y de las políticas neoliberales que llevan a cabo.
Al mismo tiempo, Guatemala vive su particular de¬bate sobre su declaración como Estado fallido ante las Naciones Unidas. Los niveles de pobreza y po¬breza extrema, la carencia de servicios públicos, los niveles extremos de violencia e inseguridad que se vive día a día, y la inexistencia de un sector público, son consecuencia de un Estado “ausente” y de unas instituciones democráticas muy débiles incapaces de garantizar la gobernabilidad del país. Esta situación no es provocada por la izquierda guatemalteca; por el contrario, es consecuencia de los sucesivos go¬biernos de la derecha y de los sectores más reaccio¬narios del país durante los últimos 55 años.
En América Latina, las propuestas como el ALBA y los esfuerzos por construir un “socialismo del siglo XXI”, representan verdaderas opciones ante el fra¬caso del neoliberalismo. La unidad latinoamericana de la izquierda se proyecta como solución a la crisis del capitalismo y, ahora más que nunca, la unidad de la izquierda asume un papel preponderante en la región. Ahora más que nunca es el momento de la izquierda como motor del cambio.
Considerando lo anterior, planteamos a continua¬ción una serie de elementos y de ideas las cuales es¬peramos sean tomadas en cuenta y valoradas como lo que en realidad son, parte de un esfuerzo positivo a través de un conjunto de propuestas orientadas a construir un proyecto común y colectivo en benefi¬cio del país.

LA NECESIDAD Y EL RETO DE CONSTRUIR UN FRENTE AMPLIO DE
IZQUIERDA Y DE LOS SECTORES
PROGRESISTAS


Es consecuencia también del golpe moral y emo¬cional sentido por la derrota política que se sufrió en las elecciones del año 2007. Esto nos afecta enor¬memente; sin embargo, no afecta nuestra integridad individual ni de grupo. Inmediatamente después de lo sucedido, nos reunimos y reivindicamos desde las diferentes esferas de organización, nuestra presen¬cia e interés de continuar adelante con el proyecto político.
Se expresa desde todos los niveles, a través de com¬pañeros y compañeras, la necesidad de hacer un análisis profundo para identificar las causas de ese resultado tan dramático, que casi hace desaparecer a la izquierda del escenario político, como una fuerza representativa del pueblo y de oposición a la derecha y a los poderes tradicionales.
Se promueve e inicia un debate relacionado con este tema a partir del cual surgen otros, algunos nuevos y otros reincidentes, y que en su mayoría se plantean a lo largo del presente material. El debate sirvió como iniciativa para la elaboración de este documento, que tiene entre sus objetivos, socializar la información a la mayor parte de personas posible, para así abrir un espacio de discusión con la esperanza que desembo¬que en la presentación de propuestas que permitan la refundación de un proyecto transformador, a tra¬vés de la construcción de una nueva forma de hacer política y también de un esfuerzo de unidad de la izquierda y de los sectores progresistas.
En consecuencia, creemos que aunque parezca sim¬ple, son tres los problemas a los que hemos hecho frente por separado: 1. la escasez de militantes, 2. la debilidad organizativa, y 3. resultados electorales adversos. Los tres en el mismo plano de igualdad porque se retroalimentan, de manera que si aumenta uno, aumentan los otros dos. ¿Sería necesario convo¬carnos a un esfuerzo colectivo de refundación de la izquierda en Guatemala, si los resultados electorales hubieran sido favorables para los distintos partidos de la izquierda, si se hubiese aumentado la militan¬cia o si las organizaciones fueran capaces de resistir los dos anteriores?.
Nos parece que en los aciertos y en los errores es¬tán las claves para proponer las medidas que deben contribuir a recuperar y relanzar la izquierda guate¬malteca en esta nueva etapa. Por eso, esta propuesta se presenta con la sana intención de ser un punto de inflexión en la capacidad de cambio y adaptación de la Izquierda a las nuevas realidades, las cuales están marcadas por una nueva correlación de fuerzas que delimitan un nuevo contexto político mundial orien¬tado por un discurso de transformación, empezando por el de Obama en Estados Unidos, que si bien no identifica al gobierno como de izquierda, si lo mani¬fiesta como un gobierno de cambio.
Todas estas son realidades marcadas por un nuevo activismo del movimiento social, un movimiento social que responde a contradicciones y exigencias nuevas; un movimiento social que promueve nuevas relaciones entre lo social y lo político y que plan¬tea nuevas exigencias a la política desde una nueva mirada ética. Estas son las nuevas condiciones a las que debe darse respuesta desde nuestra experiencia y desde nuestra realidad.
Estamos convencidos que el proceso de cambio debe partir de cada uno de nosotros; que debemos romper con nuestros esquemas tradicionales políticos y so¬ciales, para abrirnos a nuevas posibilidades, aceptar con sencillez y optimismo las diferencias individua¬les y colectivas, y dar el paso que nos permita pa¬sar del discurso a la puesta en práctica de nuestros valores y principios. Solo así podremos avanzar de la concepción de un esquema tradicional de organi¬zación a una fórmula organizativa que permita una apertura de participación política a las diferentes expresiones de la izquierda guatemalteca.

Creemos que la iniciativa para promover la reunificación y refundación de la izquierda en Guatemala debe ser un proceso maduro y responsable, que se respalde en las voluntades; pero, sobre todo, que se soporte y fortalezca en el estudio y el análisis permanente de la situación política, económica y social del país, aportándole un perfil académico y científico al proceso.
Consideramos indispensable romper con los temores adquiridos durante la represión y con el temor de ser vinculado con los movimientos políticos. Participar de forma activa en la sociedad civil y activar en un partido político simultáneamente, es posible. Esa es la única forma de dejar de ser la voz de la consciencia y empezar a trabajar en beneficio del país y de la gente. El ejercicio de la doble militancia no sólo es posible sino necesario.

Y AHORA: LA IZQUIERDA!

Es una invitación al dialogo, a la reflexión colecti¬va, a la consecución de propuestas que sienten las bases para la construcción de una plataforma de or¬ganizaciones sociales, civiles, académicas, políticas y personas individuales, que se identifiquen con un proyecto político y con una agenda programática que refleje el resultado de un proceso de elabora¬ción colectiva.
Construyamos conjuntamente el camino para im¬pulsar espacios generadores de acuerdos organiza¬tivos, políticos y programáticos, que nos permitan recuperar la capacidad de movilización política y social; la incorporación de nuevas personas y co¬lectivos en el marco de una ampliación de la base social y organizativa; el replanteamiento de la polí¬tica, del discurso, de la estructura organizativa, y de una relación diferente con los movimientos socia-les; y la renovación de quiénes hasta ahora han pro¬tagonizado desde la izquierda, la vida política de los partidos, organizaciones y colectivos de la izquierda guatemalteca. Si bien es cierto que ellos conforman un patrimonio político de gran valor porque sus experiencias y aportaciones han sido, son, y serán, parte imprescindible; en esta nueva fase, se requiere de la formación de nuevos cuadros dirigentes y de nuevos interlocutores para liderar esta iniciativa.
La creación de estos espacios también requiere de una articulación y de generar estructuras que con¬duzcan la participación política y la consecución de los objetivos y fines que pudieran acordarse como fruto de la reflexión y el debate iniciado en el marco de ese esfuerzo por crear un nuevo referente “unita¬rio” de la izquierda guatemalteca, referente que, in¬cluso, podría llegar a tener una expresión electoral. Se trata, en definitiva, de llegar a acuerdos y de ser capaces de ponerse “a funcionar”, de forma que nos dotemos de cierta “organicidad” que necesariamen¬te debe estar ligada a una nueva forma de entender y hacer política. Así, sería conveniente marcarnos una serie de pautas de funcionamiento, que incluso podrían asumirse como principios rectores de toda la actuación política, de forma tal, que sean entendidos como auténticas señas de identidad de un movimien¬to político y social representativo y aglutinador de la izquierda guatemalteca:

1. La discriminación positiva, es necesaria para iniciar un proceso de participación política a lo interno de esta nueva estructura, que debe nacer como una apuesta inequívoca por la paridad y plena igualdad entre mujeres y hombres. Para ser coheren¬tes en la actuación, se deben adoptar las medidas ne¬cesarias para propiciar la incorporación paritaria de las mujeres en todas las esferas de la vida política y, por lo tanto, en las estructuras o espacios que pudie-ran impulsarse a raíz de esta iniciativa. Es necesario invitar, incluir y hablar en el discurso de las mujeres y de la equidad de género; pero, fundamentalmen¬te, es indispensable hacer cambios que permitan la participación activa y protagónica de las mujeres en los diferentes niveles y estructuras dentro de este es¬fuerzo de unidad de la izquierda guatemalteca.
El impulso de estos cambios supone proponer alter¬nativas, movilizar y modificar la estructura y forma de actuar, para facilitar los procesos de participación e incorporación de las mujeres paritariamente, en la conformación de nuevos liderazgos que conduzcan procesos dentro de la vida social, económica, políti¬ca y cultural.
La paridad política requiere del desecho de los prejuicios y tabúes. Es necesario romper con la tradición machista de utilizar a la mujer como “obje¬to político”, y cederle los espacios para que empiece a ser “sujeto político de transformación social”. La participación política de las mujeres es fundamental para el desarrollo de un proyecto democrático y so¬cialista.
Y, para que la participación de las mujeres den¬tro de un movimiento político de transformación sea efectiva, es necesario ceder los espacios dentro de la estructura para unir fuerzas y esfuerzos dentro de un equipo que identifica objetivos y metas comunes. Además, es fundamental permitir y respetar el dere¬cho al desarrollo de una identidad colectiva femeni-na formulada en términos políticos y de derechos; y, sobre todo, respaldarlo y defenderlo políticamente.

2. El relevo generacional. Se debe declarar este esfuerzo político como un proyecto joven, de las y los jóvenes, y por ello especialmente sensible hacia los graves problemas que sufre la juventud, sin subestimarlos ni menospreciarlos; razones por las cuales, la presencia de jóvenes en la estructura se hace imprescindible para la viabilidad del proyecto político. Se deben superar barreras y prejuicios para configurarse como un proyecto joven verdadero, que posea, como eje fundamental de su política, la trans¬formación de la realidad social hacia una más par¬ticipativa, dinámica y transformadora, en la cual la juventud sea protagonista activa de su futuro, poten¬ciando sus inquietudes e integrando las iniciativas transformadoras de sus problemas.
Esto, no significa en ningún momento la exclusión de los líderes históricos; ahora más que nunca, son necesarios en la orientación de este esfuerzo joven, dentro del cual no sobra nadie; muy al contrario, se necesita de toda la gente y de todos los esfuerzos, voluntades y experiencias que puedan impulsar este proceso.

3. La elaboración colectiva es un principio bá¬sico para impulsar una nueva forma de hacer política sujeta a dinámicas participativas. Se entiende como un proceso de participación activa y de formación permanente que, después del proceso de análisis de lo concreto, propone alternativas y se moviliza por ellas. En definitiva, se deben crear espacios que per¬mitan superar la disociación entre quienes hacen y reciben la política. La elaboración colectiva se debe establecer como nuestra forma de impulsar la políti¬ca, para que cualquiera desde distintas perspectivas e intereses, encuentre una alternativa de izquierda viable sin que sea fruto de la presión o el dominio de una parte, sino consecuencia del esfuerzo común por mejorar y superar las realidades existentes en un proceso en el que, asimismo, se rompa la com¬partimentación del conocimiento, dando paso a la integración del mismo en una visión más global y solidaria.
Un paso importante en este sentido, es lograr crear espacios de participación política dentro de los espa¬cios de participación democrática. Si se convierte en realidad el anhelo y la necesidad de los diferentes grupos y colectivos sociales de romper las barreras entre lo concebido como privado y de hacerlo pú¬blico, y de convertir los problemas personales, co¬munes y generalizados, en problemas políticos, se abre un espacio de reivindicación y la motivación se exacerba.
El reto es conectarse con las personas y mo¬vimientos sociales con el objetivo de acercarse a sus demandas, y de compartir con ellos propuestas que aporten horizontalidad, capacidad participativa, coherencia, posibilidades alternativas y de movili¬zación, que las formaciones políticas clásicas no tie¬nen.

4. La participación de los pueblos indígenas. El desarrollo de un proyecto político de izquierda requiere promover la plena participación de los pue¬blos indígenas. Esto se plantea de forma amplia, flexible y creativa, reconociendo y adaptándose a sus distintas formas de organización. Se plantea en distintos niveles que incluyen, en primer lugar, la incorporación de las demandas revolucionarias, progresistas y democráticas de los pueblos indíge¬nas a la plataforma programática de la izquierda, no como “agregadas” sino como un elemento central de la propuesta.
Asimismo, se debe facilitar y promover esta par¬ticipación real, reconociendo los liderazgos indivi¬duales que han surgido del movimiento indígena, de las organizaciones sociales desplegadas en toda la geografía del país y de la adscripción comunitaria.

5. La movilización social, hoy pasa inexcusa¬blemente por el acercamiento de los partidos políti¬cos a las demandas e inquietudes de las personas o grupos interesados en conseguir mejorar su realidad. Este acercamiento no debe ser un simple acto forma¬lista o coyuntural, y mucho menos electoral; supone, presencia efectiva en el tejido social con actitudes y propuestas que ganen credibilidad.
Estar presente de manera organizada no es tam¬poco una voluntad mecánica de formar parte de ór¬ganos o entidades sociales. Es, sobre todo, propiciar espacios de encuentro y debate en el seno de la so¬ciedad y en sus movimientos sociales, para que, colectivamente, surjan alternativas auspiciadas por el interés de la mayoría. Por ello, se requiere una capacidad de apertura, comprensión y flexibilidad, que unida a la de formular y compartir propuestas y alternativas, permita crear hegemonía en torno a los planteamientos de progreso y, al mismo tiem¬po, permita articular la sociedad civil.

6. La pluralidad, no debe visualizarse como estrategia sino como elemento enriquecedor y mul¬tiplicador del movimiento político y social, que debe incorporase como un valor que hemos con¬siderado consustancial a la apuesta por la renova¬ción cultural, política y organizativa de la izquier¬da transformadora en este nuevo siglo. Hay que tener en cuenta, además, que a lo largo de los años se han incorporado compañeros y compañeras, no tanto a partir de una adscripción ideológica previa y definida a una de las corrientes de pensamiento de la izquierda sino por su identificación más ge¬neral con los valores igualitarios y democráticos ya compartidos por todos los que pertenecemos a las organizaciones revolucionarias.
Es necesario tener en cuenta la diversidad de opi¬niones y propuestas que surgen en torno al debate político y programático que se produce en el hilo del análisis de la situación política y de las inicia¬tivas a tomar.
El proyecto político y organizativo debe susten¬tarse en el amplio reconocimiento del pluralismo interno, entendiendo que el pluralismo no es solo étnico y de género sino también reconociendo el pluralismo político. Debemos abordar y solucio¬nar racionalmente las relaciones para un adecuado funcionamiento en un estado plurinacional, mul¬tiétnico, multilingüe.
Una vez que asumamos el pluralismo como seña de identidad básica de la unidad de la izquierda, y una vez que admitamos la complejidad de la articulación práctica de este pluralismo en la or¬ganización, corrientes y afiliaciones individuales en contacto intenso con los movimientos socia¬les, hay que preguntarse sobre la mejor forma de dirimir las diferencias cuando éstas no se derivan exclusivamente de dificultades de articulación or¬ganizativas sino que tienen que ver con discusiones acerca de puntos básicos del proyecto.
Se trata de una pregunta práctica, elemental para la continuidad de cualquier proyecto político que no es un simple club de debates y que asume responsabi¬lidades.
Aprendamos desde nuestro sentido común y la práctica activa del pluralismo, que ninguna organización política puede vivir permanentemente en la discre¬pancia, y que para la resolución de los conflictos in¬ternos, sobre todo si son de cierta importancia, es la condición de posibilidad para cualquier actuación práctica positiva. De lo contrario ningún proyecto político trasciende ni sobrevive.

Finalmente, la gravedad de la crisis que vive la iz¬quierda revolucionaria en Guatemala, requiere, al menos, del esfuerzo generoso de todos y todas en el intento de conformar un proyecto unitario y com¬partido, por encima de los intereses y cálculos de las partes por legítimos que éstos sean. Se impone evitar ahondar en las tendencias a la interiorización y a la profundización autodestructora que ha venido desarrollando la izquierda en los últimos tiempos. La situación exige de todos los que creemos que “otra Guatemala es posible”, mancomunar esfuerzos y energías, más que nunca de manera responsable y solidaria en torno al objetivo básico de refundar y relanzar el movimiento revolucionario en el siglo XXI.
Es necesario reflexionar sobre la necesidad de res¬catar y/o replantear los objetivos estratégicos comu¬nes que nos unen. Elaborar de manera conjunta una propuesta estratégica y programática que permita la acción política unitaria de la izquierda guatemalteca, y que trace los caminos de acceso al poder y a las alianzas para lograrlo.
Es necesario construir y reconocer el liderazgo polí¬tico que permita articular una organización unitaria en la línea política general, que sea en su programa, organizativamente abierta, dinámica, descentraliza¬da, ajustada a la realidad plurinacional, multiétnica y multilingüe. Una organización de izquierda, que sea políticamente plural de los sectores progresistas guatemaltecos y de sus pueblos, en donde participen activamente organizaciones, colectivos y todas aque¬llas personas que voluntariamente se adscriban, acepten y practiquen la propuesta política de di¬cha “Asociación” aprobada democráticamente.
El buen sentido nos indica que no debemos fragmentar lo que exige unidad, sino potenciar y articular, combinando el debate más amplio y plural con la unidad de acción, lo que es más eficaz y operativo para el desarrollo del proyec¬to común en las condiciones especificas que se dan en un estado multiétnico, pluricultural y multilingüe como es Guatemala.
Proponemos abolir de una vez por todas las po¬líticas del capitalismo salvaje, neoliberal y de-pendiente, y asegurar el desarrollo nacional en democracia funcional y participativa; construir un Estado que ponga en práctica las políticas que permitan superar la pobreza y la pobreza extrema; eliminar el racismo, el desempleo pro¬fundo y crónico, y el atraso educativo y científi¬co-técnico; que garantice la salud, la vivienda; que proteja el medio ambiente, la equidad de género y la diversidad sexual; y, que reactive la economía agropecuaria e industrial, apoyando la pequeña y mediana empresa e impulsando y apoyando las cooperativas.
Proponemos, iniciar la discusión y el debate dentro de una mesa multilateral y unitaria de las diferentes representaciones de la izquierda, sobre el sistema y la sociedad que queremos construir conjuntamente.
Para nosotros, la construcción del socialismo es nuestra identidad. Creemos con total certeza que la construcción del socialismo es la única forma de garantizar a todas las personas, sin ex-clusión de ninguna naturaleza, el goce de todas las garantías y beneficios sociales, el respeto a la integridad humana en el respeto de los derechos humanos y obligaciones ciudadanas. Es a partir de aquí que proponemos abrir este debate para analizar las diferentes propuestas. La nuestra, parte de crear un socialismo democrático mo¬derno, competitivo y económicamente solven¬te; de construir nuestro propio socialismo, el socialismo del siglo XXI para Guatemala.

Guatemala abril de 2009.

Pablo Monsanto
Fecha: 30/04/2009
Fuente: ANN - Guatemala
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